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En terapia intensiva
Edificios sin mantenimiento, salarios bajos, falta de insumos, operaciones que se deben suspender, huelgas sorpresivas. Los hospitales de Buenos Aires no son parte del discurso de campaña, y el deterioro lo paga el paciente.
POR SILVIO SPERANZA / CARLOS SEGALIS - FOTOS: DIEGO GONZALEZ Y MARCELO ESCAYOLA

Suspendido por lluvia". Este no es el anuncio previo a un partido de fútbol o un recital al aire libre, sino una de las razones por las que en los hospitales porteños se puede aplazar una operación. El deterioro edilicio ha llevado a que los desagües de los techos –por ejemplo del Santa Lucía- se vean sobrepasados y se tapen. Y por el mal estado de los impermeabilizantes y el deterioro del cielo raso, el agua se filtra y gotea sobre los quirófanos. Los mismos médicos deben colocar baldes y esperar a que pase el temporal para poder atender a sus pacientes.

Este es sólo un ejemplo más de la severa crisis de infraestructura y atención por el que están pasando los 33 hospitales porteños, y otros tantos centros de salud, dónde las condiciones de seguridad, higiene y medio ambiente se alejan cada vez más de lo estipulado por ley. Techos que se desmoronan a metros de las camas, cables de luz pelados y residuos patológicos, como jeringas y restos biológicos, forman parte del panorama cotidiano con el que se enfrentan los trabajadores de la salud y los ciudadanos que acuden en la búsqueda de su servicio.

Mario Muñoz, delegado de ATE en el Hospital Moyano, asegura que "hay 2 mil profesionales designados que están preparados para venir a trabajar y el decreto sin firmar. Hay tan sólo 70 psicólogos para atender a todas las pacientes, es insostenible".

A esta situación se suma el de los peligros latentes que representan las tuberías en desuso que, por ejemplo, recorren el subsuelo del hospital general de agudos Bernardino Rivadavia. Ante la menor chispa, podría desatarse una tragedia. Los materiales para combatirlo también son precarios: las mangueras están podridas. A esto, se le suma el riesgo diario en cada cirugía: para acceder a la sala de operaciones hay que tomar el mismo ascensor donde se trasladan los residuos patológicos. La demora en los turnos es aún peor para especialidades de cirugías programadas, como traumatología o cardiología: puede tardar hasta cuatro años.

"Hay un retraso en el otorgamiento de los turnos de más de 4 meses y está directamente relacionado a la falta de personal administrativo, donde no se han hecho nombramientos desde hace 14 años", dice Rodolfo Arrechea, delegado de ATE en el Hospital Rivadavia. En el caso de lograrse la internación y que se solucione la falta de anestesistas, frente a la probable carencia de sábanas, se le pide expresamente a los pacientes que lleven las propias, a menos que quieran dormir sobre un colchón que puede llegar a no tener funda. "Hay muchas obras que se encuentran paralizadas, en el Hospital Rivadavia, donde solamente de 13 quirófanos que tiene el hospital y solamente funcionan cinco. Hay muchos aparatos para renovar, para reparar", continúa Arrechea.

La mala administración de recursos tampoco ayuda.
En el Hospital General de Agudos Carlos G. Durand hay dos pisos enteros fuera de servicio por una obra que se comenzó hace dos años, y que un litigio entre la dirección y la empresa a cargo de la remodelación no permite concluir. Mientras tanto, decenas de camas quedan sin utilizar. Así lo confirma María Pietro, asistente social del hospital: "Se siguen esperando las obras, hay falta de presupuesto, y estacionalmente hay carencia de insumos. Y como está en permanente arreglo nos vamos mudando de un lado a otro. Hoy tenemos un sitio para trabajar, pero podemos estar en boxes sin techo en cualquier momento".

Pero la sobreocupación de los hospitales públicos no es nueva. Desde la crisis económica de mitad de los 90, los náufragos de las prepagas y las obras sociales recurren al Estado en búsqueda de atención, ocupando incluso el lugar de los más pobres, que en muchos casos ni llegan a atenderse. A su vez, la mayor parte del personal de enfermería padece problemas de salud y desgaste físico, debido a la sobrecarga de tareas y a las deficientes condiciones de trabajo. Las condiciones salariales tampoco son favorables: un asistente de enfermería percibe menos de 5 pesos por cada hora extra de trabajo.

María Cristina Paladino, vocera de la Federación de Profesionales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, encabezó varias marchas en busca de una recomposición salarial y de mejoras en las condiciones laborales. "Los psicopedagogos del Hospital Fernández tienen que atender en el mismo lugar donde está el montaje eléctrico. Eso es paradigmático de la situación en la que trabajamos", asegura. Los centros de salud no se quedan atrás. El ex Hospital Rawson se encuentra en estado calamitoso y la atención a los pacientes están en riesgo día tras día. "Las estufas y ventiladores los tuvimos que llevar nosotros porque no había. Durante días hay que aguantarse las ganas de ir al baño porque no hay agua y tenemos que trabajar en un ambiente enorme separados por biombos. Así tenemos que atender a los pacientes", dice Gloria, psicopedagoga del centro de salud, que desde enero sufre la falta de gas al igual que el resto de los profesionales y pacientes. "Un pediatra tiene que atender a un nene en medio del frío y separados por un cartón, es impresentable", argumenta María, psicóloga del ex Rawson.

En plena crisis sanitaria, la primera plana del gobierno porteño anunció un Plan de Infraestructura para 2007 que incluye 158 millones de pesos del presupuesto destinados a mejorar las condiciones de los hospitales. El subsecretario de Servicios de Salud, César Saenz, reconoce dos grandes problemas: el factor humano y la planta física. "Con respecto al primero, hay déficit de enfermeros (faltan 3.500), de personal administrativo, de auxiliares y de profesionales. En cuanto al segundo, muchos edificios de hospitales ya tienen varios años y están desgastados", declaraba a Diario Perfil en febrero de este año. Por su parte, el jefe de Gobierno, Jorge Telerman, aseguró que la Ciudad de Buenos Aires "tiene un buen sistema hospitalario pero por la gran crisis del sistema sanitario nacional se ha convertido en la gran proveedora de salud". Por ahora, las respuestas se demoran, mientras el sistema hospitalario avanza todos los días hacia el colapso total. Silencio, hospital.


 
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