Dady Brieva
Con Francella protagoniza "Incorregibles" y desde la radio se pelea con "los giles", aunque nos compró por ser simpático. La fama le mantiene el levante a los 50 y cuida el físico, para seguir chupando fernet.
POR IGNACIO BORDOLI

-¿Qué tenés de "incorregible"?
-A medida que pasan los años me "salta el gil" mucho más que antes; se acentúa la necesidad de meterme en pequeñas discusiones que la mayoría de la gente no toma. Es un combo de incorregible, tarado, gitano y peronista.

-Estás de vuelta de todo y lo que venga te chupa un huevo...
-No tengo que trabajar para pagar el alquiler de mi casa, entonces voy por esas cosas que, aparentemente, no son grandes para la gran mayoría pero para mí, sí. Me preocupa mucho la dignidad y los principios, pero de lo simple. Me encantaría tener el buque Irizar con ruedas, para pasarle por encima a los giles que, aunque saben que no llegan a cruzar con el coche, te lo dejan a medio camino de la bocacalle, bloqueando tu paso.

-¿El simpaticón de la tele resultó flor de calentón?
-No, todo lo contrario. Son pensamientos, pero de la boca para afuera soy muy "grupógeno": me interesa formar buenos equipos, donde reine el buen clima. Para no quedar como bipolar, cierro la idea: soy un tipo que cuando me encabrono, me encabrono; y considero que las pequeñas cosas no tienen menos importancia que las grandes. No tengo en cuenta que soy humorista y popular, y que tengo que cuidar la imagen. No pienso que tengo mucho que perder si discuto con el pibe de la esponjita porque no quiero que limpie el vidrio. Eso de "¡Eh! Dady, una monedita, no seas careta" no me va; la cultura del arrebato y la falta de respeto no me gustan.

-¿Y del medio, qué no te va?
-Tengo mucha resistencia por el marketing y el asesoramiento de imagen, porque el día que nos enseñen a mover los músculos de la cara y el resto del cuerpo para decir "te quiero" y así ser más creíbles vamos a estar jodidos, en serio. No me cabe mostrarme políticamente correcto, me va morir con la mía y lucirme desde las tripas.

-¿Cómo se hace para que lo pequeño sea exitoso?
-Mostrándome como realmente soy, aunque tampoco hago "sincericidios" en público. De alguna manera, no la careteo y tampoco me creo un contestatario. Mi look es el de tipo simpático, alguien a quien invitarías a un asado con la familia y los amigos. Y esa clientela no la quiero perder, aunque me muero por ganar la que no tengo.

-¿Con qué hacés la diferencia a los 50, frente a tanto pendex?
-Le doy bola a mi corazón, sin dejar de darme gustos. Me va pensar cómo voy a gastar lo que tengo en la heladera; total, ¿para qué la voy a seguir llenando? Si quizás, después, te quedás sin días para disfrutar. Cuando doblás el codo, es bueno prorratear el tiempo que te queda de la mejor manera posible y que los pendex vayan por lo suyo, yo ésa ya la viví. A cierta edad hacés las cosas por los hijos, la familia, tu mujer... Con mis años, sólo pienso en lo que dejé de lado por cumplir otro objetivo.


-¿Cuál fue el click?
-Durante mucho tiempo hice todo para estar en la cresta de la ola, como Tinelli, Suar y Francella, y dejé muuucho de lado, como el 80 por ciento. Es que no se puede comer tallarines y estar flaco a la vez, siempre pagás alguna factura por llegar a donde estás. Sé que durante un buen tiempo hice la gran Mirtha Legrand, eso de que "un éxito no se abandona". ¡Las pelotas!!! Llegó un momento que dije: "Hay ciertos compromisos conmigo mismo que no quiero abandonar más".

-En el supermercado "Vida", ¿de qué góndola elegís?
-No tengo grandes deudas: me divierto con lo que hago y mi familia es linda, disfruto junto a mi mujer y los chicos. Vivo un matrimonio inteligente, porque hago bastante lo que quiero, hecho que me permite reciclar el bocho y cargar mis baterías cuando más lo necesito: salgo con amigos, meto viajes solo, me compro lindos regalos y me gusta estar bien físicamente, aunque al ser bastante bardero me cuesta. Sé que me gustaría participar en un par de pelis más y correr varias maratones de 42 kilómetros.

-¿La fórmula sería correr para después bardear?
-Con todo el fernet que chupé en mi vida tendría que ser Forrest Gump para compensarlo. El enunciado es: "Tratar de limpiar para ensuciar", y no para ir al cielo. Además, con el paso de los años tardo más en recuperarme.

-¿Tu peor etapa?

-Midachi del ’86 al ’92 fue el mayor rock and roll que viví: gira, gira y gira, con desarreglos en todo sentido. Tener angina y escupir sangre antes de salir a escena para hacer tres funciones de corrido o comerme un sandwich a las 6 de la mañana eran cosas comunes. Además, tomarte algún que otro traguito u otra cosa. En cambio, ahora, sumo el running y la bici.

-¿Qué pensás mientras corrés?
-Es bárbaro, me organizo todo. Cuando jugás a la pelota, tenés que pensar cómo se la das a alguien y ya es un quilombo. Pero para correr mirás que el camino no tenga pozos y ningún perro te muerda, y listo. Llego a lugares muy lindos, porque proyecto el futuro, evalúo qué quiero hacer, de qué se puede tratar mi próximo proyecto... Corriendo tomé grandes decisiones para mi vida.

-Con las minas, ¿corrés de atrás?

-No, porque tiene mucho que ver el asunto de la fama. Tengo que desarmar ese concepto de que me dan bola porque soy conocido; de lo contrario, cagué. Si tenés hambre, parás en un carrito, te clavás un pancho y seguís de largo, porque si lo pensás, no lo hacés. De otra forma, se te va la vida. Lo que Dios me ha dado lo he asimilado tal cual ha venido, sin cuestionarme nada. Además, no soy distinto cuando estoy con mi mujer, mi actitud es la de hinchar las pelotas siempre!

-¿Cuán jodido fuiste sin fama?
-Uhhh, muuuy... Tenía esta caripela pero con granos y anteojos, y una cultura suburbana muy complicada, con pantalones que me cocía mi tía parecidos a los de marca, pero no eran originales, obvio. Nada peor que parecerse a... Es más patético que no ser. ¡¡¡Ho-rri-ble!!!

-¿En el sexo también para atrás?
-No quiero recordarlo. A la novia la cojías recién... no sé, ni me acuerdo; pero había que esperar mucho. Y que una mina te dé el culo, imposible. Sólo las putas te entregaban el culo. Se te daba a los diez años de casado o más. Era como entregar "la isla de la fantasía"...

 
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