| |
 |
H files
Tóxico Manía |
Cinco millones de personas viven a lo largo de la cuenca Matanza-Riachuelo y cada vez necesitan con más urgencia una solución al problema crónico de la contaminación. |
El olor a Riachuelo es algo folclórico, ¿viste? Dicen ‘ah, qué olor a Riachuelo’. La gente no sabe que ese olor son los gases que estamos respirando y que nos están enfermando. Siempre se tomó como que está ahí, viene así hace 200 años y tiene que seguir así 5 mil años más". Eso dice Cristina Fins en el local de la Asociación Vecinos La Boca, la sociedad de la cual ella es vicepresidenta. "Antes, se creía que a todo lo que se tiraba al aire, al agua, se lo llevaba el viento. No había leyes ambientales, que están desde hace poco más de 10 años. Y las leyes del medio ambiente tuvieron poca difusión, salvo ahora, a partir de lo que pasa en Gualeguaychú", continúa Alfredo Alberti. Presidente de la Asociación, viene denunciando el impacto ambiental del Polo Petroquímico desde hace seis años: los dos primeros, concertando reuniones infructuosas con representantes de distintas áreas del Estado ("nos miraban como que veníamos de otro planeta cuando preguntábamos por el Riachuelo, como diciendo ‘¿estos tipos de qué nos hablan?’"); los cuatro últimos trabajando en colaboración con una en particular, la Defensoría del Pueblo de la Nación, que finalmente reconoció la gravedad y oficializó la investigación. Ese fue el primer paso hacia un presente que llegó con promesas de cambio: surgió a fines de 2006, luego de que un grupo de vecinos demandara al Estado argentino, y lleva por nombre Plan Integral Cuenca Matanza-Riachuelo.
Historia argentina
"El lecho del Riachuelo es una inmensa capa de materias en putrefacción. Su corriente no tiene ni el color del agua (...) Un foco tal de infección puede ser causa de todos los flagelos, el cólera y la fiebre". La preocupación aparecía en las páginas de La Nación en 1871, cuando la epidemia de fiebre amarilla arreciaba sobre el sur de la ciudad de Buenos Aires. Ese fue el inicio de la contaminación.
Pasaron las muertes, los años, la epidemia. Con el tiempo, la zona se convirtió también en área de quema de basura. "Debemos insistir sobre la urgente necesidad de suprimir esa montaña de más de un kilómetro de extensión de materias putrescibles (...) está sembrado de lomas y montículos que alcanzan diez y doce metros de altura sobre el nivel del suelo". Las palabras corresponden a un informe que la municipalidad porteña publicó en 1904. Faltaban sólo diez años para que el Grupo Royal Dutch Shell anclara en el lugar e inaugurara, con la instalación de Anglo Mexican Petroleum, lo que terminaría convirtiéndose en el Polo Petroquímico Dock Sud.
Fueron llegando refinerías, plantas receptoras de petróleo y derivados, hornos incineradores de residuos patógenos, plantas de tratamiento, recepción y almacenaje de productos químicos, industrias de grasas, aceites y jabones. En pocos años, la radicación voraz de industrias en la zona hizo crecer algo más que la tasa de empleo: el Estado se encontró incapaz de ejercer un control ante el ritmo vertiginoso con que afloraban pequeñas y grandes industrias; el ambiente se reveló impotente ante la polución que causaban los elementos inorgánicos y químicos generados por las empresas.
Vida basura
La tarde brilla y bajo el puente Alsina la sombra apaga el calor del fin del verano. A un lado del recodo de una avenida con ínfulas de ruta, bordeando el camino que serpentea villa adentro, el agua transcurre con su carga de botellas, papeles, plásticos. A cien metros, una manguera oficia de barrera de los camalotes en flor que hacen de islas de basura su suelo. La pequeña costanera construida no es la última franja de territorio sólido: bajando la escalera, puede pisarse un suelo amasado con desperdicios de años. Es gris, pantanoso, burbujeante. Idéntica es la ribera en los bordes del reguero de villas que acompaña el recorrido del río. No era muy diferente en 2003, cuando la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) dio a conocer los resultados de una evaluación de los daños que la contaminación generaba en niños de entre 7 y 11 años de Villa Inflamable: conviven con 17 gases tóxicos (benceno, tolueno, xileno, tetracloruro de carbono, por nombrar algunos) y metales pesados (plomo, cromo); la mitad de ellos registró plomo en sangre, 10 % cromo en orina. Como consecuencia, su metabolismo se altera, su talla y su peso son menores a los habituales, su coeficiente intelectual disminuye. Son trastornos irremediables.
Actualmente, alrededor de cinco millones de personas viven a lo largo de la cuenca Matanza-Riachuelo: ni una de ellas está a salvo de los efectos, mayores o menores, de la contaminación. Cualquiera puede reconocerlo al percibir el aroma inconfundible del Riachuelo: es el olor del agua muerta, vacía de oxígeno e incapaz de albergar vida alguna.
|
|
Posibles instantáneas de un futuro
A mediados de 2004, un grupo de vecinos de la Cuenca elevó un pedido que la Corte Suprema terminó aceptando a mediados de 2006: la demanda "contra el Estado Nacional y Otros sobre daños y perjuicios (daños derivados de la contaminación ambiental del Río Matanza-Riachuelo)". Haciendo valer dos incisos del art. 75 de la Constitución Nacional, acusan al Estado por no haber actuado ante la contaminación de "una vía navegable e interjurisdiccional (que abarca parte de la Capital Federal y once partidos de la Provincia de Buenos Aires)". Pero también acusan a las "empresas aledañas por volcar directamente al río los residuos peligrosos, por no construir plantas de tratamiento, por no adoptar nuevas tecnologías y por no minimizar los riesgos de su actividad productiva".
La Corte intimó a las empresas a expedirse sobre su responsabilidad y al Estado a presentar y ejecutar un programa de saneamiento. Gigantes como Petrobras Energía S.A., Curtiduría Gaita SRL, y Shell, entre otras, afirmaron que las suyas son actividades limpias y no contaminan. Representando al Estado, la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable Romina Picolotti llevó el Plan Integral Cuenca Matanza-Riachuelo, el proyecto a ejecutarse en 10 años y que prevé contar con más de 1.100 millones de pesos en el primer año y medio, y un total de 5.672 millones a lo largo de cinco años más. Como parte del proceso de planeamiento y ejecución de la iniciativa, Picolotti brindó datos en sucesivas presentaciones ante la Corte: de las 306 empresas de la zona que han sido relevadas (115 frigoríficos, 114 curtiembres y 77 galvanoplastías), ninguna tiene seguro por daños y el 82% carece de sistema de gestión ambiental; de 19 muestras de agua analizadas, 18 superan todas los niveles de contaminantes y sustancias permitidos por la legislación (hasta 13.000 veces más grasas, 20 veces más sulfuro, 530 veces más cromo).
En La Boca, los responsables de que la cuestión se haya convertido en asunto de Estado muestran un optimismo cauto. El Plan Integral, sostienen, no contempla la realización de estudios epidemiológicos ni tampoco un plan de salud para víctimas de la contaminación. Alberti agrega que "es importante, porque los asentamientos no tienen cloacas y no están urbanizados. Al no estar urbanizados, no entran bomberos, no entran ambulancias, no hay calles, no hay recolección de residuos. Por eso cuando vas navegando por el Riachuelo ves terraplenes que son como toboganes de basura, pilas altas, plásticos que van cayendo al río, residuos sólidos".
|
|
 |
|
|
|
|