Washington Cucurto
La intelligentsia literaria lo ningunea porque entró al mundo de los libros contando su vida, surcada por la marginalidad. Pero decidió reivindicar lo bastardo y orillero, y con eso cimentó su popularidad.
Por Alejandro Bellotti

- ¿Qué hay de Santiago Vega (tu nombre real) en Washington Cucurto, el seudónimo que elegiste usar como escritor?
-Muchas cosas. En principio, los personajes de mis relatos tienen que ver con historias que viví, sobre todo de más joven; claro, a veces exagero un poco y le agrego algún condimento para que sea más atractivo, pero todo el mundo de la bailanta, la inmigración paraguaya, la dominicana, todas esas cosas que sucedieron durante el menemismo yo las viví y no me fueron ajenas.

- Época en que trabajabas de repositor en un supermercado.
-Sí, laburaba en el super y después salía con mis amigos del trabajo y andábamos en la calle, por Constitución, Once, Plaza Italia… donde estaban las bailantas.

- ¿Ibas mucho a la bailanta?
¡Vivía en la bailanta! Iba jueves, viernes, sábado y domingo; y me fascinaba. Las que más me gustaban eran Cachaca y Bronco. Era una verdadera fiesta de comida, música y baile.

- Algo que alimentó mucho tu literatura…

-Y sí, es que esa era mi vida. No sólo la bailanta, sino también el laburo en el supermercado. Entre Carrefour, Coto y Disco, laburé diez años. Eso de alguna manera te marca.

- ¿Cómo te llevabas con ese trabajo?

-Y, bastante mal, mucho no me gustaba, pero bueno, me servía para pucherear y tener algo de guita.

- ¿Le afanaste algo a Coto?
Mmmm (duda) ¡qué pregunta! Ehhhh, no, nunca, vi un montón de gente afanar, pero yo nunca, ahora que lo pienso.

- Paralelamente a esa rutina explotó tu veta literaria…

-Sí, es que al mismo tiempo que trabajaba en el super me empecé a juntar con amigos que estaban en el circuito literario y me volví un gran lector y empecé a escribir bastante.

- Lo que te achanchó, porque no vas más a los bailes.
-Y no, pero no sé si por la literatura; es que ya tengo 34 años, dos hijos, responsabilidades, y la verdad que no da.

- Y, ahora que jugás en primera ya no podés seguir jodiendo.
-No, pará, que haber empezado a publicar en una editorial grande como Emecé no me cambió, por lo menos en mis relaciones personales. Lo que sí, en lo que se nota el cambio, es que a partir de entonces me conocen más.

- ¿Te reconocen por la calle?
-Bueno, bastante. Después de haber publicado El curandero del amor, lo noto. Ojo, también a veces que haya más gente que te conozca se vuelve en contra: recibí muchos mails de gente que ni conozco puteándome, pidiéndome que le devuelva la plata por haber comprado el libro.

- Tal vez porque compraron el libro sólo porque estaba en la vidriera de alguna librería grande.
-Seguro, por eso te digo que publicar para editoriales grandes tiene sus buenas y malas.

- Y con la crítica, ¿cómo te llevás?
-Me gusta que me critiquen, pero sólo me interesan las críticas de las revistas y diarios, que tienen una lógica publicitaria, porque después la otra, la más académica, no la lee nadie… Y está bueno que las críticas generen cosas, que se lean y revuelvan.

- ¿Vas a seguir escribiendo para el Grupo Planeta?
Sí, ya me pidieron otro libro.

- ¿Sobre?
La revolución de Mayo de 1810. Una suerte de revisionismo histórico contado del otro lado, del de los negros.

- ¿Se viene el nuevo Felipe Pigna?

(risas) ¡Sí, el Felipe Pigna pero negro y cumbiantero! (risas)... Y ahí empiezo a afanar: arranco con la Revolución de Mayo, después sigo con San Martín… Hasta las cacerolas no paro.


- Se acabó el Cucurto under.
-No, no, yo sigo siendo under, soy un clase B absoluto, un alternativo. No sé lo que es el establishment literario, no lo conozco. He publicado más de 15 libros, durante 10 años, y todos en editoriales consideradas pequeñas, de culto.

- ¿Eso es ser un clase B?

-Clase B son la mayoría: Zelarayán, Laiseca, Fogwill, los que no son de las editoriales; los otros son como Andahazi, Caparrós, que se leen mucho. Pero son los menos, lo que más hay es clase B.

- Entonces, ¿por qué creés que se fijaron en vos los de Planeta?

- Y, buscaban algo distinto. Mi literatura llama la atención.

- Y en eso también deben haber puesto el ojo los que te dieron la beca para trabajar en Alemania. ¿Cómo te fue ahí?
-En líneas generales muy bien. Estuve en Stuttgart, en unos de esos campus que se ven en las películas. La beca consistía en ir todos los días a una academia donde me daban todo lo que necesitara y pidiera y lo único que me exigían era que creara, que escribiera. Un sueño.

- ¿Qués es lo que más te llamó la atención del Primer Mundo?

-Y, es el Otro Mundo: todo tranquilo, ordenado, disciplinado, limpio, sin violencia… Lo que más me impresionó fueron los autos último modelo, increíbles. Con todo, no me adapté; la beca era por un año y sólo me quedé cinco meses. Me faltaba el quilombo.

- Y además no había bailantas.
-No, qué va a haber. A las nueve de la noche se iban todos a dormir.

- Bueno, por lo menos habrás visto lindas mujeres.
-No, ¿estás loco? Sin son todas rubias, altas y de ojos celestes (risas). A mí me gustan tetonas, morochazas, bien latinas. En eso, no hay como las argentinas.

- En Alemania estabas jodido entonces.

-Completamente. Bueno, también estaban las turcas, que son muy lindas, lo que pasa es que no te dan bola. Las turcas en Alemania sólo salen con turcos, viven como en un ghetto. Son muy cerrados.

- ¿Te hubieras hecho pasar por turco?
-Sí, por lo negro pasaba, pero no, dejá, yo me quedo con las minas de La Boca.

- Viva La Boca, entonces.
-¡Viva!

 
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