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Desde el semillero

Caza talentos

La gallina de los botines de oro no existe. Pero sí los que tienen el poder de detectar a sus pollos. Marchen dos ídolos!

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03.03.2009
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Jorge Griffa estuvo 23 años en Newell's y otros 10 en la cantera de Boca. Fue el hombre que un día, entre cientos de promesas, puso el ojo en un pibe que daba más para la pasarela que para el potrero. “Batistuta: no tenía ni forma de jugador fútbol y era de un pueblo perdido del norte de Santa Fe”, dice el mentor de otro crack de Boca. “Una vez me hablaron de un chiquito de 13 años que se parecía a Maradona. Y lo fui a ver. No se parece, es Maradona", recuerda haber exclamado al conocer a un promisorio Apache Tévez. ¿Pero dónde se pule el ojo cazatalentos? “Es experiencia. El andar mucho hace equivocarse menos. Si vos recorrés lo mismo que yo vas a poder encontrarlos, no es magia y siempre va a haber desaciertos”, explica con modestia el maestro. Si la intuición también puede ser de manual, el master que supo detectar a pibes que después explotaron (la lista es infinita e incluye a Valdano, Balbo, Scaloni o el Tolo Gallego en Rosario, y a Battaglia, Gago y Burdisso en Baires) ayuda a afilar el pálpito. “Al principio es la intuición de que un jugador puede llegar a capitalizar. Pero hay puntos de referencia: tiene que tener técnica, velocidad y aguantarse la fricción. Es decir, fuerza física y mental”. La geografía también es una aliada, y aunque Dieguito Latorre la pegó sin hacer inferiores (lo detectaron en un torneo en el country en el que vivía), los que saben dicen que hay una zona muy fértil (y no sólo agrícola) en el triángulo formado por el sur de Santa Fe, Córdoba y el noroeste de Buenos Aires. Griffa lo firma, y afirma, “yo siempre les digo que hay dos caminos, el posible éxito o el seguro fracaso, y que depende de ellos”.



EL CAMINO FACIL

Y sí, también están los de la vereda de enfrente. Esos que tienen menos vista que Serafín pero que se las arreglan para detectar pichones y hacerlos billetes. Y la escuela de la parla, la noche y los pases firmados en el vip de Cocodrilo existen desde que el Diego es el Diego y Cóppola Guillote. Bruno Chanfarella, el manager trucho que la rompió en “Valentino El Argentino, asesora. “Las promesas son clave, por ahí no le das lo prometido, pero al menos tratás de conseguirle las sábanas menos duras”, dice Alejandro Fiore, el padre de la criatura chamuyera.

Fiore, que tiene un proyecto en TV para producir 26 cuentos de ciencia ficción, tira otras puntas del chanta básico. "Regla número uno: la mentira es la verdad. Regla número dos: buena pilcha y Rolex (aunque sea comprado en La Salada), porque el representado debe poder admirarte. Regla número tres: seguridad. Tener una respuesta y saber improvisar. Y por último, la regla número cuatro: tener muchos jugadores aunque sean fracasados. El único que bueno debe tener un equipo con quien entrenar”.

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