

El fútbol ya me gustaba de chiquito. Llegué a jugar en las inferiores de varios equipos: San Lorenzo, Defensores de Belgrano y estuve en la tercera de Peñarol de Montevideo. A los 19 años me puse a estudiar periodismo deportivo y compartí la clase con Roberto Leto y el Ruso Ramenzoni. Estuve en La Razón, Diario Popular, TELAM, NA, hasta que llegué a Radio Mitre y empecé a trabajar con Víctor Hugo.
Desde los 15 empecé a curtirme con lo que era la música progresiva. Escuchaba Zeppelin, Pink Floyd, The Who, Deep Purple… Y de acá Vox Dei, Almendra o Pescado Rabioso. Vivía a tres cuadras de la cancha de San Lorenzo, en Boedo, y parábamos en la esquina a escuchar buena música.
Mi gran frustración es no haber sido un Mick Jagger o un Robert Plant. Me volvía loco con esa movida. Hoy tengo muchos amigos músicos y voy a jugar a la pelota con el Zorrito Quintiero, con Leonardo De Cecco, el baterista de Attaque, con Catriel de Divididos, con Emma Horvilleur, Iván Noble… A veces viene el Pelado Cordera. Pero se ve que mi veta escondida era el relato. Sumando el tiempo desde que arranqué, debo ser uno de los periodistas deportivos con más años en la televisión argentina.
La idea de cantar los goles surge relatando el fútbol inglés. Allá las hinchadas lo usan mucho. Una vez hizo un gol Michael Owen y yo lo canté con la música de Guantanamera. Y gustó. Con el tiempo empecé a preparar las pistas antes de la transmisión. Cada jugador tenía su cantito distinto, era un laburo del carajo. Ahora los grupos me mandan las versiones de los temas originales. A Catupecu, Kapanga, Ataque y Juana La Loca, por ejemplo, les gusta y me dan una mano.
Y el relato llegó a Europa. Cuando vino Henry, preguntó quién era el que cantaba sus goles. Yo me quería matar porque cuando fue a un programa de Fox yo estaba jugando al fútbol, así que no pude ir a cantárselo en la cara.
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